sábado, 28 de noviembre de 2015
14.
De verdad te prometo dejar la ventana abierta para que el aire pueda entrar por todos sitios y jamás sientas que te encierro, porque cuando más me gustas es cuando eres libre...
miércoles, 25 de noviembre de 2015
La vida de Adèle

Te echo de menos. Echo de menos tocarte, no vernos, no olernos.
Tengo ganas de ti. Continuamente. De nadie más. Echo de menos todo. Tengo que reconocer que te extraño mucho.

Qué bonito el dolor que sentimos cuando perdemos lo que más amamos, y qué guarrada tener que vivirlo. Es una sensación contradictoria, es la felicidad que sientes cuando te lo encuentras sin querer, y es la tristeza de verlo partir una vez más, y que no sea de tu mano. No puedo sentir más dolor que el que siente Emma al perder a Adèle cuando ésta le traiciona. Sin embargo, soy capaz de identificarme con A al darse cuenta de que jamás amará a nadie como amó a E. Y no sólo eso, sino que jamás habrá nadie que la ame como E lo hacía. De esa manera tan admirable y sincera, tan dulce y exótica, tan llena de vida... Siempre se echarán de menos. Pero no podrán ser nunca más una.
Me declaro fan incondicional de esta maravilla que vi. "La vida de Adèle" pasa a ser una de mis películas favoritas desde este instante. Gracias.
martes, 24 de noviembre de 2015
domingo, 22 de noviembre de 2015
Diego Ojeda, "Mi chica revolucionaria"
jueves, 23 de julio de 2015
3 años maravillosos
"En realidad ella no era guapa ni era bonita, no exactamente.
Ella te aceleraba el pulso de puro deseo desde el mismo momento en el que la mirabas a esos ojos de niña de color avellana. Era una mujer que hacia que te volvieras loco, era perturbadora, desgarradoramente sexy, exquisita, capaz de hacerte sacar el peor de los vicios y sin dejar de mirarte con esa carita de ángel.
Era verdaderamente diferente, era algo más. Mucho más.. "
sábado, 18 de julio de 2015
16
Y una vez más me pregunto
cómo en un espacio tan grande
(el que hay de mis caderas a tu sonrisa)
soy capaz de sentir tu respiración.
Y de nuevo encuentro la respuesta:
y es que si tu sonrisa no estuviera
mis caderas jamás tendrían la tentación de acercarse a ti,
y mi piel no conocería ningún escalofrío
y mis ojos no serían capaces de brillar con tanta intensidad.
Pero,
como en la mayoría de los casos,
tu sonrisa no se da cuenta de esas cosas,
y por eso yo sigo aquí,
y tú jamás te preguntas por mí.













